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Mientras Europa polemiza por el “bus ateo”, en Córdoba acaba de formarse el primer grupo de la Asociación de Ateos Argentinos. Dicen que no quieren confrontar, sino que se los respete como ellos respetan a los creyentes.
"Mi mamá es muy creyente. Pero mi papá me inculcó desde chica la opción de elegir. Cuando le preguntaba sobre Dios, era muy escéptico. Sola me di cuenta de que no tienen sentido para mí las religiones. No les veo el lado positivo", cuenta Gabriela Britos, 22 años, estudiante de Ingeniería Civil, encargada de una estación de servicio y una de las pocas cordobesas que se presentó en el Arzobispado para renunciar a la fe católica y borrar su nombre de los archivos bautismales.
Gabriela es una de las integrantes de la flamante delegación Córdoba de la asociación civil de Ateos en Argentina (Argatea), que acaba de formarse con los mismos principios que su referente nacional: promover la difusión del pensamiento ateo, defender las libertades y los derechos civiles y luchar por la implantación de los valores laicos en la sociedad. Y agregan que la idea es hacerlo "desde el respeto a la libertad de pensamiento, a los valores democráticos y a la tolerancia".
Una tarea que no será fácil –dicen– en una ciudad como Córdoba, con una sociedad a la que ven demasiado conservadora. "Apenas decís ‘no creo’, mucha gente te quiere convencer de que estás equivocado. Yo les digo que su creencia no me molesta, pero que me dejen tranquilo con la mía", explica Leandro Varela, de 23 años, otro de los impulsores. Juan Marcos Ottonello recuerda que la abuela de un amigo, tras enterarse de su militancia atea, lo comparaba con un "satanista".
No creyentes El 11,3 por ciento de la población argentina adulta no cree en Dios, según una encuesta realizada el año pasado por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). El porcentaje se duplica en Capital y en otros grandes centros urbanos del interior.
En total, los no creyentes suman casi 2,5 millones de personas.
¿Quiénes son? Gente como cualquiera: empleados, padres, estudiantes. Leandro es diseñador industrial, nació en Salta, vive con su familia en Córdoba. Gabriel Macaroff es abogado, oriundo de Catamarca, vive en un departamento con su hermano. Juan es ingeniero, tiene 26 años. Eduardo Cuello tiene 52, es arquitecto. Francisco trabaja en administración de sistemas, tiene 34 años y una beba de 10 meses.
La mitad de ellos se educó en escuelas religiosas. Y ninguno cree que está solo: "Mucha gente piensa en algo a lo que no sabe si llamar Dios o de otra forma. Pero no quieren que les esquematicen la vida. Son muchos quienes piensan así y ahora pueden aglutinarse", invita Eduardo, integrante del grupo iniciático.
"Yo soy atea, pero no quiero ‘ateizar’ a nadie", redondea Gabriela. "No venimos a armar una nueva religión, sino a dar el mensaje de que se debe respetar todo", completa Gabriel.
La cosa pública Quizá no sea casualidad que esta sede local surja en el contexto de la polémica que tiene lugar en ciudades como Madrid o Barcelona, en donde comenzó a circular el llamado "bus ateo" con la leyenda "Dios probablemente no exista, deje de preocuparse y disfrute de su vida".
Los ateos argentinos admiten que están lejos de contar con presupuesto o con una sociedad madura como para realizar campañas tan confrontativas.
Sin embargo, tienen temas de sobra que les preocupan: "Hay un avance de lo religioso sobre lo público, que nos hace tomar una exposición que no tendríamos si eso no pasara", explica Francisco
Gabriel agrega: "Buscamos que, en las decisiones que tienen que ver con todos, no esté inmiscuida la cuestión religiosa. Que el respeto que se tiene hacia los creyentes se retribuya hacia quienes no creemos".
Precisamente, una de las últimas campañas nacionales de Argatea tiene que ver con el rechazo a la decisión de la Legislatura salteña de aprobar la enseñanza de religión en las escuelas públicas. Este rechazo recibió el apoyo de la Unión de Ateos y Librepensadores de España, organización impulsora del "bus ateo".
De todas formas, por ahora el grupo de Córdoba no se plantea líneas de acción de ese tipo, sino empezar con algo más modesto, como difundir la propuesta y sumar gente.
"Es importante que se sepa que existe un grupo como éste. Y al conocernos, los prejuicios se van a ir eliminando", explica Juan Marcos. Para Leandro, "a veces basta sólo con dar a conocer que no existe un pensamiento único, que la sociedad tiene que ser para todos".
Gabriela resume y todos asienten: "Queremos que se reconozca que cada uno tiene la posibilidad de razonar y llegar a las conclusiones que considere, y que los que tienen que tomar decisiones públicas lo hagan sin utilizar criterios religiosos".
Algunos de ellos se toman el desafío con humor, y hasta ya tienen chistes de género:
–¿Sabías que los curas son ateos?
–No. ¿Por?
–¿Adónde viste un mago que crea en la magia? Fuente: La Voz
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Los ocho primeros buses ateos estaran en la calle el lunes 3 de febrero de 2010 en la ciudad de Mar del Plata. Argentina.